PARA TI, MI 100%
Esta carta va dirigida a la persona que me hizo saber lo que significaba "el para siempre", "el hasta que la muerte nos separe" y "el en la salud y en la enfermedad".
Básicamente esta carta va dirigida a la persona que me enseñó el verdadero significado del verbo tan aclamado, el preciado verbo amar. Esta carta va dirigida a la persona que me enseñó a valorar cada segundo de esta vida, la que me hizo aprovechar los minutos, cada minuto, la que me quiso por horas, la persona que me dijo que los días pasan y la que me repitió hasta cansarme que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, la que estuvo a mi lado cada año de mi vida, la que me cuidó por décadas, la que su amor fue tan puro que ni a años luz se podría calcular, la que creyó en mí, la que fue valiente y me mandó a kilómetros, lejos de ella para cumplir no su sueño si no el mío, la que aceptó la distancia algunos meses por verme feliz, la que me dio alas y me dejó volar, más bien la que me enseñó a volar; también a la que temió que se rompieran esas mismas alas y sufrió entonces, en silencio, cada caída; la única persona que estará conmigo por siglos aunque la muerte nos separe, la que me quiso sin siquiera haber nacido, la que me dio la vida, la que me cuidó en su barriga, la que me contaba cuentos, la que me dejó dormir con ella hasta que dejé de tener miedo, la que está harta de escuchar mil historias que siempre le quiero contar... Esta carta está dedicada a la que me gusta gustar, a la que amo y por la que soy amada. Esta carta va para esa mujer de la que estoy tan orgullosa, para esa mujer que quiero que vea las mismas series que veo yo, la que conseguí por fin que pusiera Netflix y ahora hasta lo ve más que yo, y también va para la que me gusta abrazar y tirar al sofá.
Pero también va para esa persona a la que debo pedirle perdón, ahora entiendo que debo pedirle perdón. Lo siento, siento no haber estado a la altura, nunca, jamás. Perdón. Perdón a la que me dice que le contesto mal, a la que no ayudé en casa por egoísta, a la que siento haberle gritado cuando merecía un abrazo, de verdad que siento haberle puesto mala cara cuando debería haberle sonreído y siento no haberle preguntado qué tal le había ido el día mientras yo solo quería contarle mi vida. En fin, perdón por esos portazos, y gracias por no tolerarlos. Lo siento, nunca podré darte ni un pequeño porcentaje de lo que tú me has dado, y ahora creo que por fin entiendo que tú eres la dueña de mi 100%, y yo solo de las rebajas que me hicieron elegir todo lo contrario a la calidad, perdón por haber buscado un precio menor, perdón por no haberte dado mi 100%, mi todo, cuando tú sí que me lo has dado, Y entonces te das cuenta, la que dio el 100% ya no puede dar más y tú no sabes como anular las rebajas. Dueña de mi 100%, de mi vida, esta carta va para ti, para la que me dijo que no usara el verbo querer y amar con cualquiera, que había que reservarlo para alguien especial, que ese verbo no merecía a cualquier sustantivo, que necesitaba ciertos adjetivos para que fuese real, que el sujeto que recibiera esa acción tenía que ser de todo menos omitido, que no importaban los complementos circunstanciales, que daba igual el lugar, el tiempo, el instrumento o la finalidad, que daba, da y siempre dará igual. Y por supuesto me dijo que no había causa, que en sí la misma causa es el propio verbo amar, y que si este necesitara algún complemento sería el de régimen, ese complemento necesario para que un verbo pueda expresar su verdadero significado,y es que, ¿cómo la palabra amor y el verbo que da su acción podría no ir ligada al nombre de la persona que recibe esta carta?, ese nombre que no ha hecho falta mencionar para saber a quién iban dirigidas estas palabras, y esto sucede porque ella es ejemplo, valentía y lealtad. Ella es vida, mi vida, mi mamá. Mamá, dueña de mi tiempo, de mi 100%, del verbo amar, que por cierto debería ser pronominal, pues amar no es nada sin amarse, amar es una acción de dos, y por eso, a quien recibe mi acción le digo que hoy te escribo esta carta con la única finalidad de agradecerte en un texto exclamativo y nada negativo, ya que es todo afirmativo que yo, llena de emoción, con signos de exclamación, te escribo miles de oraciones nada simples, todas complejas porque este amor no tiene explicación, que ahora soy consciente de que por amor se vive y se muere, que el amor lo cambia todo, que el amor es la ley que tú creaste en mi corazón, una ley indescifrable que nadie menos tú sabe poner en orden, y es que es incalculable y por todo esto en este texto no importan los artículos ni los determinantes, ni siquiera los enlaces, nexos o como lo quieras llamar, hoy todo el amor se reduce en exclusiva al sustantivo mamá. Mamá, sustantivo que por sí solo ya expresa lo que jamás se podría describir con miles palabras, por poder no se podría explicar ni en miles de coordinadas y subordinadas. ¿Pero sabes qué mamá?, lo bueno de nuestra larga oración es que siempre estuvo escrita en minúsculas, ya que nunca hubo ni un principio ni un final, que el amor siempre estuvo y estará, y por supuesto, que esta relación es de todo menos menos impersonal. Así que mamá, por favor, nunca dejes de ser el sujeto de cada oración que escriba, que lea, que sienta. Nunca dejes que mi texto se dirija a un sujeto elíptico u omitido, nunca dejes que vaya dirigido a una rebaja.
Mamá, yo siempre querré tus reglas, tus besos, tu amor, tu 100%. Así que gracias mamá, por ser mi maravilloso sujeto, y nunca mi punto final.
Básicamente esta carta va dirigida a la persona que me enseñó el verdadero significado del verbo tan aclamado, el preciado verbo amar. Esta carta va dirigida a la persona que me enseñó a valorar cada segundo de esta vida, la que me hizo aprovechar los minutos, cada minuto, la que me quiso por horas, la persona que me dijo que los días pasan y la que me repitió hasta cansarme que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, la que estuvo a mi lado cada año de mi vida, la que me cuidó por décadas, la que su amor fue tan puro que ni a años luz se podría calcular, la que creyó en mí, la que fue valiente y me mandó a kilómetros, lejos de ella para cumplir no su sueño si no el mío, la que aceptó la distancia algunos meses por verme feliz, la que me dio alas y me dejó volar, más bien la que me enseñó a volar; también a la que temió que se rompieran esas mismas alas y sufrió entonces, en silencio, cada caída; la única persona que estará conmigo por siglos aunque la muerte nos separe, la que me quiso sin siquiera haber nacido, la que me dio la vida, la que me cuidó en su barriga, la que me contaba cuentos, la que me dejó dormir con ella hasta que dejé de tener miedo, la que está harta de escuchar mil historias que siempre le quiero contar... Esta carta está dedicada a la que me gusta gustar, a la que amo y por la que soy amada. Esta carta va para esa mujer de la que estoy tan orgullosa, para esa mujer que quiero que vea las mismas series que veo yo, la que conseguí por fin que pusiera Netflix y ahora hasta lo ve más que yo, y también va para la que me gusta abrazar y tirar al sofá.
Pero también va para esa persona a la que debo pedirle perdón, ahora entiendo que debo pedirle perdón. Lo siento, siento no haber estado a la altura, nunca, jamás. Perdón. Perdón a la que me dice que le contesto mal, a la que no ayudé en casa por egoísta, a la que siento haberle gritado cuando merecía un abrazo, de verdad que siento haberle puesto mala cara cuando debería haberle sonreído y siento no haberle preguntado qué tal le había ido el día mientras yo solo quería contarle mi vida. En fin, perdón por esos portazos, y gracias por no tolerarlos. Lo siento, nunca podré darte ni un pequeño porcentaje de lo que tú me has dado, y ahora creo que por fin entiendo que tú eres la dueña de mi 100%, y yo solo de las rebajas que me hicieron elegir todo lo contrario a la calidad, perdón por haber buscado un precio menor, perdón por no haberte dado mi 100%, mi todo, cuando tú sí que me lo has dado, Y entonces te das cuenta, la que dio el 100% ya no puede dar más y tú no sabes como anular las rebajas. Dueña de mi 100%, de mi vida, esta carta va para ti, para la que me dijo que no usara el verbo querer y amar con cualquiera, que había que reservarlo para alguien especial, que ese verbo no merecía a cualquier sustantivo, que necesitaba ciertos adjetivos para que fuese real, que el sujeto que recibiera esa acción tenía que ser de todo menos omitido, que no importaban los complementos circunstanciales, que daba igual el lugar, el tiempo, el instrumento o la finalidad, que daba, da y siempre dará igual. Y por supuesto me dijo que no había causa, que en sí la misma causa es el propio verbo amar, y que si este necesitara algún complemento sería el de régimen, ese complemento necesario para que un verbo pueda expresar su verdadero significado,y es que, ¿cómo la palabra amor y el verbo que da su acción podría no ir ligada al nombre de la persona que recibe esta carta?, ese nombre que no ha hecho falta mencionar para saber a quién iban dirigidas estas palabras, y esto sucede porque ella es ejemplo, valentía y lealtad. Ella es vida, mi vida, mi mamá. Mamá, dueña de mi tiempo, de mi 100%, del verbo amar, que por cierto debería ser pronominal, pues amar no es nada sin amarse, amar es una acción de dos, y por eso, a quien recibe mi acción le digo que hoy te escribo esta carta con la única finalidad de agradecerte en un texto exclamativo y nada negativo, ya que es todo afirmativo que yo, llena de emoción, con signos de exclamación, te escribo miles de oraciones nada simples, todas complejas porque este amor no tiene explicación, que ahora soy consciente de que por amor se vive y se muere, que el amor lo cambia todo, que el amor es la ley que tú creaste en mi corazón, una ley indescifrable que nadie menos tú sabe poner en orden, y es que es incalculable y por todo esto en este texto no importan los artículos ni los determinantes, ni siquiera los enlaces, nexos o como lo quieras llamar, hoy todo el amor se reduce en exclusiva al sustantivo mamá. Mamá, sustantivo que por sí solo ya expresa lo que jamás se podría describir con miles palabras, por poder no se podría explicar ni en miles de coordinadas y subordinadas. ¿Pero sabes qué mamá?, lo bueno de nuestra larga oración es que siempre estuvo escrita en minúsculas, ya que nunca hubo ni un principio ni un final, que el amor siempre estuvo y estará, y por supuesto, que esta relación es de todo menos menos impersonal. Así que mamá, por favor, nunca dejes de ser el sujeto de cada oración que escriba, que lea, que sienta. Nunca dejes que mi texto se dirija a un sujeto elíptico u omitido, nunca dejes que vaya dirigido a una rebaja.
Mamá, yo siempre querré tus reglas, tus besos, tu amor, tu 100%. Así que gracias mamá, por ser mi maravilloso sujeto, y nunca mi punto final.


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