Amor, bosque, y hogar.
Son las nueve de la mañana. Es sábado. No quiero dormir más. Solo quiero despertar. Me levanto de la cama, elijo un vestido negro ajustado, más propio para la noche que para el día; me pongo un abrigo y unas deportivas blancas que me hacen tener un aspecto desenfadado. Me siento segura. Guapa. Cojo todo el dinero en efectivo que tengo en casa y salgo por la puerta dispuesta a empezar a sentir, a empezar a reír, a empezar a llorar, a empezar a amar. Me voy a un hotel que conozco de la zona, siempre había querido ir allí, pero las prisas nunca me lo permitían. Desayuno un café solo con dos grandes croissants cremosos, sin preocuparme por las calorías, por el peso... Tan solo me tomo mi tiempo en degustar cada mordisco, cada bocado que se hace el mejor de mi vida a medida que me voy acabando el primero. Nunca olvidaré esa sensación de orgasmo lento y silencioso. Cierro los ojos del placer que me provoca y disfruto del silencio. Miro por la ventana las hermosas vistas de la Torr...




